En el ecosistema del rock nacional y el under porteño de los 80, Divina Gloria no fue una simple espectadora; fue una protagonista que tejió lazos profundos con los dos máximos exponentes de nuestra música: Charly García y Fito Páez.
Charly García: Un amor de cortocircuitos
Su relación con Charly comenzó en 1981, cuando participó como extra en la película Peperina. Con el tiempo, el vínculo se transformó en algo que ella define como un "affaire espiritual".
Divina recuerda noches de madrugadas eternas y momentos de una sensibilidad extrema. "Cuando lo tenía cerca, no solo veía su música, veía sus pecas, su genialidad", confiesa.
Fue una relación de "estar y no estar", de intensos cortocircuitos donde Charly, con su agudeza habitual, llegó a predecirle: "Esta está embarazada", mucho antes de que ella lo supiera.
Hoy la relación está interrumpida por lo que ella llama "el muro de Berlín" que a veces imponen las parejas de los artistas. Aunque no se ven, Divina admite que aún le escribe y lo extraña en silencio.
Fito Páez: el hermano del alma
Si Charly fue el romance místico y complejo, Fito Páez ocupa un lugar mucho más familiar y estable en su corazón. Divina lo define directamente como su "hermano", aunque a veces, con su característico humor, se refiere a él como "mi tía, toda una señora mayor".
Esta relación, nacida en la efervescencia de los 80, ha sobrevivido al paso de las décadas sin las turbulencias del romance, consolidándose como un apoyo incondicional en su vida. Para Divina, estos dos hombres, junto a Alberto Olmedo (a quien llamaba "papá"), forman el tridente de figuras masculinas que marcaron su identidad artística y personal, intentando llenar el vacío que dejó la temprana partida de su padre biológico, Pedro Goldsztern.